
Carrera
Spartathlon: La carrera que debí dejar sin terminar
246 km, 34 horas de lucha contra el dolor y la serpiente interminable de asfalto que es Spartathlon.
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Después de casi 1500 kilómetros de entrenamiento y muchas horas de estrés de combinar este entrenamiento con un trabajo de tiempo completo y una enfermedad autoinmune, tomé el avión hacia Atenas con dudas. Sentía aún el estrés de la presión del trabajo y las secuelas de este en los síntomas de mi enfermedad. Iba pensando que no recordaba otras carreras que hubiera empezado en un estado similar. A mi lado, mi esposa me recordó algunas, 3h 2min en la maratón de Chicago, en su momento mi marca personal, 3er lugar en Rincón de la Vieja 50k, mi primera ultramaratón. En ambas estaba luchando con situaciones similares y aunque ahora parecen esfuerzos incomparables a estos 246km que iba a enfrentar, en su momento me parecían imposibles.
Algo que he aprendido durante estos 9 años de correr, es que mi cuerpo y mi mente tienen un “modo carrera”. Usualmente, al iniciar una carrera me siento más fuerte y más saludable de lo que estaba. Tal vez es adrenalina, o tal vez, también es agradecimiento de mi propio ser de al fin tener unas horas en las que realmente estoy solo yo, en mi cabeza, en el ahora y totalmente escuchando a mi cuerpo.
km 0 · sáb, 07:00
“Antes de abandonar la ciudad, los generales de Atenas enviaron un mensaje a Esparta. El mensajero fue un ateniense llamado Filípides, un profesional en carreras de larga distancia.”
km 0 · sáb, 07:00
El sábado a las siete de la mañana, la Spartathlon inicia a los pies de la Acrópolis, el lugar más icónico de Atenas. Minutos antes de las siete, 400 corredores esperan con ansias la salida, la mayoría con los otros corredores de su país y sus equipos de asistencia. Yo, el único costarricense, esperaba con mi esposa y mi mamá, quienes me ayudarían durante la carrera, debajo de un pequeño paraguas. A las 7 en punto empezamos a correr, aún bajo un poco de lluvia que nos mojaría durante el resto del día. En ese momento no sabía que la Spartathlon sería como una serpiente venenosa de asfalto con la que tendría que luchar durante más de 34 horas. Esa lucha dejaría secuelas.
km 0 → 43 · sáb, 07:00 → sáb, 11:05
En los primeros kilómetros solo quería salir de Atenas. En mi inocencia de trail runner, creía que al llegar a la parte rural todo iba a ser más bonito, más tranquilo, más fácil. Al salir de la metrópolis, más bien empezamos a correr en carreteras, con camiones pasando al lado, rodeando refinerías y alguna que otra ruina o vista al mar que refrescaban un poco la vista. Desde temprano, me sentí abrumado y aburrido por la ruta, sabía ya que no querría volver a tener que correrla.

Foto: Sparta Photography Club
km 0 → 43 · sáb, 07:00 → sáb, 11:05
La lluvia no mermó sino hasta unos cuantos kilómetros antes de llegar al primer puesto con asistencia permitida, al kilómetro 43. Iba pensando si cambiarme la ropa o no, pero al llegar la ropa no estaba tan a mano así que decidí seguir, no tenía tanto frío y no estaba tan mojado. En ese primer puesto me sentía bien, un poco cansado, en especial de la ruta y de la lluvia pero físicamente bien.
km 43 → 83 · sáb, 11:05 → sáb, 15:34
Los siguientes kilómetros tenían unos pocos cambios de desnivel, corriendo en una carretera un poco angosta e interminable al lado del mar. Luego atravesamos pueblos, normales, algo olvidables al menos por las calles en las que nos tocaba pasar, bastante planos y seguíamos con mucha lluvia. El objetivo en este tramo era pasar el Canal de Corinto y llegar al kilómetro 80, no solo para ver a mi crew de nuevo sino para vencer también uno de los cortes de tiempo más temidos en el mundo de las carreras de ultradistancia. En Spartathlon hay que recorrer esos primeros 80 kilómetros en menos de 9 horas y 30 minutos, pensando que aún quedan 166 kilómetros más de carrera. Duras un segundo más y quedas fuera.

Foto: Sparta Photography Club
km 43 → 83 · sáb, 11:05 → sáb, 15:34
En algún momento entre los kilómetros 60 y 70 empecé a sentir un dolor. El lugar donde el pie derecho se junta con la pierna me estaba doliendo, me dolía más cuando caminaba, así que podía seguir trotando. Sin embargo ya me dolía tanto que en algún tubo al lado de una de las tantas refinerías me tuve que sentar un rato, a estirar y a revisar.
km 43 → 83 · sáb, 11:05 → sáb, 15:34
El famoso Canal de Corinto al mismo tiempo me asombró y me decepcionó, no sé por qué, pero en los tantos videos que vi sobre la Spartathlon lo veía más grande y lo veía como un punto épico de la carrera. Cruzando el puente amarillo, rodeando los turistas y algunos corredores que se tomaban fotos, esperaba sentir “algo” y no sentí nada diferente. Tenía más ganas de llegar a ver a mi esposa y mi mamá que me esperaban en el puesto de asistencia.

Foto: Sparta Photography Club
km 43 → 83 · sáb, 11:05 → sáb, 15:34
Llegué caminando porque el puesto estaba en una subida. Les conté que tenía ese dolor. No me dijeron mucho, porque siempre les pido que por más mal que me vean, no me lo digan, no quiero tener ideas en mi cabeza que me puedan hacer rendirme. Eso tengo que ajustarlo. Después, ellas me contarían que irían pensando en que era aún muy temprano para tener esos dolores, aún faltaban 166 kilómetros y más de 25 horas de carrera. Había terminado la parte más difícil en tema de velocidad, empezaba la parte más difícil en tema de desnivel. Salí del puesto también caminando, ya el terreno era plano.
km 83 → 101 · sáb, 15:34 → sáb, 17:40
Sería aún terreno bastante plano hasta el kilómetro 100. Cada paso todo dolía un poco más. Durante el camino conocí varios corredores. Un chico de Austria me contó cómo la única vez que terminó tuvo que caminar los últimos 20 kilómetros, fue su tercer intento, corrí unos minutos con una chica de Estados Unidos, otros minutos, dos veces, con el mismo chico de Argentina, me contaron un poco de su historia, un chico de Brasil me contó cómo algunos corredores repiten en sentido inverso al día siguiente, para hacer completa la ruta original de Filípides. Ninguno de ellos había terminado en su primer intento.
km 83 → 101 · sáb, 15:34 → sáb, 17:40
Al kilómetro 100 me volví a encontrar a mi esposa y mi mamá. El dolor seguía subiendo, pero podía seguir corriendo. Seguía doliendo en ambos pies, especialmente el derecho, y empezaba a doler la ingle izquierda, cada vez que pasaba de caminar a correr. De pura suerte, a mi mamá, una amiga le había dado un pequeño frasco de un ungüento para dolor muscular que me empezó a aplicar y me ayudaba a seguir caliente y a manejar un poco el dolor. Tomé mi lámpara y me cambié a una camiseta de manga larga, empezaba la noche.
km 101 → 148,5 · sáb, 17:40 → dom, 00:10
En la oscuridad todo se veía un poco más igual. Seguía descontando puestos de control, de los 75 totales que debíamos pasar. Vi a mi crew unas cuantas veces más, me imagino que estaban preocupadas. En algún momento el dolor empezó a ser tanto que tuve que empezar a tomar paracetamol. Usar analgésicos es algo común que hacen los corredores de ultradistancia, yo nunca lo había hecho. No me gusta enmascarar el dolor y, por mi condición en el sistema digestivo, lo más “fuerte” que puedo usar es paracetamol. Justo por mi colitis ulcerosa era que llevaba un blíster de paracetamol, tenía miedo de que me doliera el estómago o el colon, terminé usándolo para ese extraño dolor en mi pie.
km 148,5 → 159,4 · dom, 00:10 → dom, 02:20
Llegaba la sección de caminar hacia arriba. Nuevamente, en mi inocencia de trail runner, pensaba que el cambio de forma iba a ayudarme a descansar los músculos que me dolían y refrescarme para la última parte de la carrera. La subida al Monte Partenio empieza desde el valle, en Lyrkia, más o menos al kilómetro 148,5 y sube hasta el paso Sangas en el kilómetro 162. Son 13,5 kilómetros con 950 m de desnivel positivo. Durante toda esta subida, en asfalto interminable, en la noche, en el frío, el dolor se haría insoportable.
km 159,4 · dom, 02:20
“De acuerdo con el relato que Filípides hizo a los atenienses a su regreso, se encontró con el dios Pan (un fauno) en el monte Partenio, sobre Tegea. Pan lo llamó por su nombre y le dijo que preguntara a los atenienses por qué no le prestaban atención, si él siempre se había mostrado cordial con ellos y los había ayudado en el pasado, y volvería a ayudarlos en el futuro. Los atenienses creyeron la historia de Filípides y, cuando recuperaron su prosperidad, erigieron un templo a Pan bajo la Acrópolis y, desde que recibieron su mensaje, celebraron una ceremonia anual en su honor, con carreras de antorcha y sacrificios, para solicitar su protección.”
km 159,4 · dom, 02:20
De alguna forma llegué a la base de la montaña. Mi esposa me dijo que ya había subido todo, yo sabía que no. Le señalé las luces que se movían lentamente hacia el cielo, aún tenía que subir los 2 kilómetros de trail, los 2 kilómetros más empinados de la carrera. Me preguntó que del uno al diez cuánto me dolía, le dije “no sé, ¿diez? me duele demasiado, apenas puedo caminar, no sé cómo voy a seguir”.
km 159,4 · dom, 02:20
En un lado de mi mente estaba decidido a parar ahí, en el otro lado pensaba en que esa noche no teníamos hotel reservado, ¿dónde íbamos a dormir?, que ya había sufrido tanto y que si quería terminar esta carrera alguna vez en mi vida tenía que ser ahora, porque realmente no quería volver a tener que pasar lo que pasé en esos primeros 160 kilómetros. No entiendo por qué algunas personas vuelven una y otra vez a esta carrera. Las dos me miraban preocupadas, mi esposa me dijo que fuéramos al puesto de control a ver qué podíamos hacer.
km 159,4 · dom, 02:20
En Spartathlon en varios puestos de control hay terapeutas físicos voluntarios que dan masajes. Es algo que tampoco he hecho en medio de una carrera, pero tenía que intentar cualquier cosa. Faltaban aún más de 80 kilómetros. Me quité los zapatos y me acosté en la camilla, me preguntaron que dónde me dolía más, les dije que mi pie derecho, donde el pie y la pierna se encontraban. La chica me masajeó fuerte, me preguntó que si era mi primera Spartathlon, le dije que sí, me dijo que le daba lástima que esto me estuviera pasando, con un poco de risa y un poco de angustia. El masaje me dolía mucho, pero también los ojos se me empezaban a cerrar del sueño.
km 159,4 · dom, 02:20
Después de unos minutos me dijo que era mejor parar el masaje porque si seguía acostado no me podría recuperar del frío. En efecto, me puse los zapatos de nuevo, salí de la carpa y estaba temblando. Me puse las dos jackets que tenía, mi esposa me trajo un té caliente y empecé a caminar hacia la cumbre de la montaña. Todo me seguía doliendo pero al menos sentía un poco más de movilidad. Me dije “si de aquí a que las vea de nuevo no puedo volver a correr, me tendré que retirar de esta carrera”.
km 159,4 → 163,5 · dom, 02:20 → dom, 03:29
Subí la montaña a lo que me pareció un buen paso pero luego, todo lo que sube tiene que bajar. Primero unos 2,3 kilómetros con unos 350 m de desnivel negativo, de tierra y piedra suelta. En esos kilómetros intenté trotar, la ingle izquierda me dolía demasiado y apenas podía mover las piernas en una forma que parecía correr. Otro corredor caminaba hacia abajo más rápido de lo que yo podía “correr”. Así me fui calentando hasta que en las partes más planas pude volver a trotar, con mucho dolor, pero era correr, no estaba fuera. Me puse un nuevo objetivo, “si puedo correr al menos 6 kilómetros cada hora, puedo terminar esta carrera”.
km 159,4 → 163,5 · dom, 02:20 → dom, 03:29
El reto grande de Spartathlon es terminar los 246 kilómetros en menos de 36 horas, pasando, a tiempo, los 75 límites que hay en el camino. Con este nuevo objetivo, trotaba lo que podía y caminaba el resto de la hora, cuando caminaba descansaba pero me dolía más la lesión del pie derecho, cuando volvía a correr me dolía insoportablemente la ingle izquierda hasta que calentaba un poco. Aún así, en cada hora, todavía podía hacer entre 5 y 7 kilómetros, aunque cada vez un poco menos.
km 159,4 → 163,5 · dom, 02:20 → dom, 03:29
“En la ocasión de la que hablo —es decir, cuando los comandantes de Atenas le encomendaron una misión a Filípides y éste explicó que había visto a Pan—, Filípides llegó a Esparta un día después de haber salido de Atenas y pronunció su mensaje ante el gobierno espartano.”
km 163,5 → 221 · dom, 03:29 → dom, 12:45
Seguía viendo a mi mamá y a mi esposa en los puestos de asistencia, me imagino que cada vez me veían peor, pero creo que también estaban sorprendidas de que pudiera seguir corriendo. Me daba ánimo volver a verlas, pero cuando las veía quería salir de nuevo lo más rápido posible para seguir avanzando. Así son estas carreras, cada vez que ves a tus seres queridos que te apoyan es una nueva meta, cuando cumples esa meta el alivio dura muy poco y todo vuelve a empezar. Según yo, las trataba de consolar diciéndoles que ya mis matemáticas de corredor me decían que podía caminar casi todo y aún así llegar a tiempo.
km 163,5 → 221 · dom, 03:29 → dom, 12:45
Después de subir la montaña en Spartathlon crees que ya no puede haber otra subida más, ya llegaste a lo más alto. Error. A eso del kilómetro 200, ya en la mañana, se sale de una carretera y se dobla hacia la izquierda para empezar la travesía de 30 kilómetros sobre la autopista de Trípoli a Esparta. Esta autopista tiene unas tres subidas interminables en las que no hay nada que ver y nada que hacer más que caminar. Los carros pasan muy rápido al lado de los corredores.
km 163,5 → 221 · dom, 03:29 → dom, 12:45
Luego de más de 24 horas de movimiento, aunque había tomado litros de coca cola y dos geles con cafeína, los ojos se me cerraban del sueño. En un momento sentí que me quedé dormido caminando y me despertó un carro que me pasó justo al lado, a quién sabe cuántos kilómetros por hora. Me asusté mucho, no lo suficiente, porque me seguía quedando dormido. En el siguiente puesto de control, en un quiosco al lado de la autopista, me senté, me tomé un café y una coca cola y seguí caminando. Las subidas eran interminables y empezar a correr en las bajadas era insoportable, me empujaba a mí mismo a hacerlo porque tenía que aprovecharlas y seguir cumpliendo mis al menos 6 kilómetros por hora.
km 221 → 234 · dom, 12:45 → dom, 15:05
La cafeína me llevó hasta casi el kilómetro 221, ahí se encontraba el puesto de asistencia antes de la que realmente sería la última subida, siempre sobre la autopista. No podía casi aguantar el dolor ni el sueño. Me tomé otro café y otra coca cola y mi mamá me puso el último poco de ungüento que quedaba en el frasquito. Ahora sí podría caminar todo hasta Esparta y llegar a tiempo.
km 221 → 234 · dom, 12:45 → dom, 15:05
Subí la cuesta final, los vientos eran fortísimos. Faltaban solo 20 kilómetros, todo de bajada. Caminar me dolía demasiado en los pies. Intenté empezar a trotar, la ingle no me dejaba, el dolor era realmente insoportable. Lo intenté unas cuantas veces más, no pude, solo quedaba caminar y aguantar el dolor de cada pie en cada paso. Tenía tiempo de sobra para terminar antes de las 36 horas.
km 221 → 234 · dom, 12:45 → dom, 15:05
Así duré dos horas y media para volver a ver a mi mamá y mi esposa en el kilómetro 234. Me cambié la camiseta, en parte porque en la tarde del domingo ya se sentía el calor que uno se esperaría de Spartathlon y en más parte porque los días antes había visualizado mi llegada a los pies de la estatua de Leónidas con esa ropa. Pensé que para aumentar mis probabilidades de lograrlo debía hacer mi visualización cada vez más real.
km 234 → 241 · dom, 15:05 → dom, 16:22
Seguí caminando, cuesta abajo, 10 kilómetros más, dos horas más, nada más me importaba solo quería llegar. En esas cuatro horas pienso que debí ir pensando mucho, pero no recuerdo en lo que pensaba, tal vez no pensé en nada, el dolor me tenía en el aquí y el ahora, una forma poco ortodoxa y poco recomendable de mindfulness.
km 241 → 246,6 · dom, 16:22 → dom, 17:20
“Hombres de Esparta —fue su mensaje— los atenienses os piden ayuda, y os ruegan que no permanezcáis de brazos cruzados mientras la ciudad más antigua de Grecia es aplastada y sometida por un invasor extranjero; Eretria ya ha sido esclavizada, y Grecia se debilita por la pérdida de una buena ciudad.” Los espartanos, aunque se conmovieron por el ruego y querían brindarles ayuda, no podían hacerlo de inmediato sin quebrar sus propias leyes. Era el noveno día del mes, y dijeron que no podían marchar hasta que la luna estuviera llena. Así que esperaron a la luna llena, mientras que Hipias, el hijo de Pisístrato, guió a los persas a Maratón.
km 241 → 246,6 · dom, 16:22 → dom, 17:20
Los últimos 3 kilómetros son ya en el pueblo de Esparta. Me pasó de nuevo la chica de Estados Unidos, seguía trotando, me alegré por ella, la felicité. Entre más me acercaba a la meta, más se me iba apagando la adrenalina o lo que fuera que mitigaba un poco mi dolor, creí que sería al contrario y que podría terminar corriendo, pasa mucho. Tal vez mi cuerpo, al ya saber que esto se terminaba, me pedía a gritos descansar, parar.
km 241 → 246,6 · dom, 16:22 → dom, 17:20
Cuando hice el último viraje hacia la derecha en la avenida que termina a los pies de Leónidas se me empezaron a salir las lágrimas, o no, porque estaba deshidratado, pero quería llorar. Se sentía que todo el pueblo me felicitaba desde los balcones y los cafés. Todos los niños querían que les chocara la mano. Ondeaban las banderas de todos los países representados por los corredores. Vi a mi mamá y a mi esposa apoyándome y tomándome fotos y videos. Toqué el pie de Leónidas, y sin asco, le di el beso que firma el final de la carrera más sufrida que he tenido. Todo Esparta me seguía aplaudiendo, y yo ya estaba en la meta con una corona de laurel y con la placa de finisher. Después de 246 kilómetros en 34 horas y 22 minutos desde Atenas hasta Esparta, vencía a la serpiente venenosa de asfalto y por unos minutos fui muy feliz.
Foto: Sparta Photography Club
Kilómetros en cada hora
Cada barra es una hora de carrera. La línea marca 6 km por hora, la meta que me puse después de la montaña. La línea roja es la altitud en esas mismas horas.
| Hora | km |
|---|---|
| sáb, 07:00 | 11 |
| sáb, 08:00 | 10,5 |
| sáb, 09:00 | 10,3 |
| sáb, 10:00 | 10,3 |
| sáb, 11:00 | 8,9 |
| sáb, 12:00 | 9,6 |
| sáb, 13:00 | 9,3 |
| sáb, 14:00 | 8,9 |
| sáb, 15:00 | 8,2 |
| sáb, 16:00 | 8,3 |
| sáb, 17:00 | 7,7 |
| sáb, 18:00 | 8,4 |
| sáb, 19:00 | 7 |
| sáb, 20:00 | 7,2 |
| sáb, 21:00 | 7,2 |
| sáb, 22:00 | 7,4 |
| sáb, 23:00 | 7,7 |
| dom, 00:00 | 5,9 |
| dom, 01:00 | 4,7 |
| dom, 02:00 | 3,1 |
| dom, 03:00 | 5,6 |
| dom, 04:00 | 5,6 |
| dom, 05:00 | 6,5 |
| dom, 06:00 | 6,6 |
| dom, 07:00 | 5,7 |
| dom, 08:00 | 6,4 |
| dom, 09:00 | 5,1 |
| dom, 10:00 | 6,8 |
| dom, 11:00 | 6,2 |
| dom, 12:00 | 6,9 |
| dom, 13:00 | 5,1 |
| dom, 14:00 | 5,8 |
| dom, 15:00 | 5,4 |
| dom, 16:00 | 5,6 |
| dom, 17:00 | 2,1 |
Al salir del área de meta, hay voluntarios que revisan, un poco, a cada finisher. Una señora me sentó en una silla, me quitó los zapatos, me puso unas pantuflas y ahí pude ver por primera vez lo que me había pasado. En cada pie, a la altura de la lengüeta del zapato, tenía una gran mancha roja de inflamación, la del pie derecho más grande y más roja. Después de unos minutos me puse de pie para irnos al Airbnb, no podía casi caminar. La inflamación en el pie derecho se me movía hacia el pie y lo iba haciendo cada vez más grande. El dolor en la ingle, probablemente causado por compensación, no me dejaba alzar la pierna izquierda. No podía llegar a nuestro carro parqueado a unas dos cuadras de la meta. Mi esposa tuvo que ir por él y volver por mí.

Luchar con una serpiente venenosa, aunque sea en parte imaginaria y en parte solo asfalto debajo de los pies, no te deja indemne. Las siguientes semanas fueron algo desastrosas para mi cuerpo. Los primeros días, el pie derecho se me inflamó tanto que solo me entraba en unas medias grandes que mi mamá nos había traído de regalo, y solo me entraba en unas Crocs de Super Mario que ella también me había regalado en navidad. De nuevo, gracias a la “suerte” o a ella, tuve con qué poder vestirme el pie. El estómago y el colon también se me desestabilizaron. Así que estuve acostado o renqueando todo el día y yendo al baño bastante a menudo. Dos semanas después poco a poco al fin voy volviendo a la normalidad, aunque aún me siento bastante fatigado y fuera de mi homeostasis.
Las acciones no siempre son decisiones, aunque lo parezcan. Durante la carrera aunque pensaba en qué tal si esto o aquello, tengo que hacer esto o lo otro, la única acción que realmente seguía haciendo sin parar era poner un pie delante del otro. Aunque eso me llevó a lo que parece ser la decisión de luchar contra todo y llegar a Esparta, fue solo una acción pequeña, una tras otra. Se puede llamar terquedad o imprudencia, pero siento que es solo un modo en el que se entra desde el punto de partida y no he descubierto cómo se puede parar. Es probable que esta debía ser mi primera carrera con un DNF (did not finish), y no sé si quiero volver a sufrir así. Claramente tengo que aprender a cuidarme más de alguna forma. Tengo que trabajar en que mi fuerza física iguale lo que parece ser mi “fuerza mental” o mi “modo carrera”. Por otro lado, también estoy orgulloso de lo que logré. Siento que la fuerza física y mental que sí tengo vienen del esfuerzo, del trabajo, el entrenamiento y la disciplina. Estoy feliz de ser parte de esta historia que inició con los pasos de Filípides en el 490 a. C. y hoy continúa con nuestros pasos.
En un video de Fran Bowtie, que le hace su novia, ella le dice que ojalá él se pudiera ver a través de los ojos de los que lo iban apoyando desde cerca y lejos. Ojalá pudiéramos hacer eso, en la carrera estoy en cada kilómetro, en el dolor, en el ahora, solo hay asfalto y mis pies, no hay mucho más. Ahora, escribiendo esto, me recuerdo de los videos donde mi mamá narra lo que siente al verme en la carrera, los mensajes que me enseñó mi esposa de los amigos que veían las historias que ella publicaba sobre mi carrera, los mensajes de mi familia, las palabras de mi esposa, el apoyo de la gente viéndome caminar a través de Esparta, los niños griegos preguntando mi nombre y mi nacionalidad y me da un nudo en el pecho y la garganta. Me siento feliz de nuevo, como cuando llegué a los pies de Leónidas, y ahora, ese es un recuerdo que puedo invocar cuando lo necesite. Eso, es lo que me llevo después de seguir el camino de Filípides de Atenas a Esparta.

Foto: Sparta Photography Club


